La Cumbre G-8
Iveth Retana Castro
Estudiante RI
El día lunes 7 de julio, empezó en Japón la cumbre del Grupo de los Ocho, en la que se analizaron tres puntos en especial: la ayuda brindada y que se dará al continente Africano, el cambio climático y las medidas a tomar contra la crisis alimentaria.
En cuanto al primer punto, el referente al continente africano, mucha es la ayuda que se ha ofrecido en cumbres anteriores por parte de la G-8, pero muy poca la que en realidad se ha entregado. En el año 2005, dicho grupo de países industrializados y ricos, prometió duplicar la ayuda a dicho continente de $25.000 millones a $50.000 millones en el año 2010. Y de esa cantidad, solamente han sido entregados $3.000 millones, según la ONG One.
África es un continente que en realidad necesita la ayuda de los países más ricos del planeta, para combatir enfermedades tales como la malaria y el sida, que matan a muchas personas cada año. Para enfrentar la pobreza extrema en la que viven la mayoría de su población. Para crear programas eficientes de planificación familiar para frenar el aumento de la población. Para poder brindar los servicios básicos a las poblaciones de cada país. Y otro sin fin de problemas que se desarrollan, a mi criterio, más que nada por la gran pobreza que existe en ese continente.
Pero no solo necesitan que les den a manos llenas el dinero, también necesitan que se diseñen programas ADECUADOS a cada situación y problemática específica de cada país. Y no solo la problemática, también programas para propiciar un desarrollo con el cual los países puedan eventualmente tener algún tipo de industria, atractivos turísticos y de inversión o algún tipo de actividad económica que permita tener una economía más estable y equilibrada con respecto a los demás países del mundo. Todo lo anterior con el fin de que el dinero de la ayuda que se entregue, sea efectivamente destinado a los problemas que aquejan a dicho continente.
Lo que si se espera es que en esta ocasión las promesas de ayuda se concreten en la realidad, (esta vez la ayuda prometida es de $60.000 millones en cinco años para la lucha contra la malaria, el sida y la tuberculosis y mejorar su alimentación), ya que de no ser así, los Objetivos del Milenio de la ONU, que buscan la reducción de la pobreza a la mitad, universalizar la educación primaria y mejorar la salud, entre otros, para el año 2015, serán muy difíciles de cumplir. El secretario general de la ONU, Ban Kin Moon considera que todavía es factible llegar a cumplir los objetivos, pero solo si los países de la G-8 cumplen sus promesas.
El segundo tema en la cumbre es el del cambio climático, problema que nos afecta a todos las personas que habitamos y que van a habitar el planeta Tierra.
En la cumbre, podemos notar una vez más, la renuencia de Estados Unidos de unirse a la iniciativa de la disminución de la emisión de gases de invernadero, que son en gran parte los que provocan el calentamiento global y por ende, el cambio climático. Lo que más se muestra como una excusa por parte del gobierno estadounidense para no comprometerse en la reducción de la emisión de gases, es cuando alega que si los países de economías en rápido crecimiento no adoptan medidas, Estados Unidos tampoco lo hará. Postura que es ilógica, en especial porque Estados Unidos es el país que produce la mayor parte de las emisiones de gases y porque la reducción emisiones, sin importar el orden del país que comience (pero si la cantidad de dicha reducción), nos ayudará a tener un planeta habitable y con más estabilidad climática por más años.
Los expertos han instado a los países industrializados a reducir sus emisiones de gases entre un 25% y 40% para el 2020 y a países como India y China una reducción del 50% para el 2050.
Los países industrializados y los de economías en rápido crecimiento fundamentan su posición con el argumento de que una disminución de emisión de gases desembocaría en una desaceleración de su desarrollo económico, pero en cuanto a esto, los avances tecnológicos y científicos en la actualidad, pueden encontrar la forma de que exista un desarrollo “amigable” con el medio ambiente.
Pero al cierre de la cumbre, los países no se pudieron poner de acuerdo de cómo responder al cambio climático, no pudieron adoptar metas concretas en este tema.
En este punto, de no darse dichas reducciones, los expertos pronostican que las condiciones más cálidas llevarán a extensas sequías, inundaciones, aumentos del nivel del mar y tormentas más intensas, además de que para el año 2050 más de 2.000 millones de personas sufrirán escasez de agua.
Por otro lado, en cuanto al tema de la crisis alimentaria, la G-8 manifestó su voluntad de “enfriar” los precios de los productos agrícolas y del petróleo, que han impulsado al alza la inflación y amenaza la estabilidad económica mundial. Una de las propuestas sugeridas es mejorar la transparencia del mercado petrolero, llamando a un diálogo más intenso y productivo tanto a países productores como a los consumidores.
Otra propuesta es crear un fondo internacional para poder compensar con ingreso la pérdida de poder adquisitivo de las familias más pobres debido al aumento de los precios de los alimentos, familias que pasaron de la pobreza a la pobreza extrema. Además crear una reserva internacional de alimentos.
En conclusión, todos los temas en los que se enfocó la cumbre de la G-8 son de vital importancia mundial en este momento, todos son prioritarios. Ahora, nos resta esperar que las grandes potencias tomen las mejores decisiones y que las lleven a cabo, que no queden solo en el papel. Que en realidad se dé una cooperación justa y transparente, que no tenga fines o intereses ocultos y de por medio (muy difícil). Que los países pongan más atención e inversión en temas como la manera de reparar nuestro medio ambiente, nuevas alternativas de combustible, curas para enfermedades mortales como el sida y no en guerras que no tienen ni sentido ni credibilidad y que tanto contribuyen actualmente a la crisis en la que nos encontramos.
lunes, 21 de julio de 2008
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