miércoles, 20 de mayo de 2009

La fábrica de realidades
Bryan Acuña O.
Relaciones Internacionales.
U.I.A

En nuestra realidad actual, la influencia de los medios de comunicación es un hecho que no puede ser negado por nadie; cada comentario que vemos en la televisión, el internet, que escuchamos en la radio o que leemos en los diarios dependiendo de nuestra formación nos hará tomar posición al respecto del tema tratado. Puede que seamos ignorantes en la materia, pero el abordaje que realizan los medios puede lograr que al menos un juicio de valor subjetivo realicemos, por ejemplo un “pobrecito” o un “es que todos los políticos son unos corruptos”.
Y no es que nuestras opiniones subjetivas no sean válidas, ya que por ser sujetos nuestras opiniones irán ligadas a la subjetividad o a nuestra propia perspectiva de moralidad, pero lo que a veces es un poco delicado es el mecanismo de abordaje de los periodistas en estos tiempos lo que nos debe estar “ojo al Cristo”.
Para nadie es una sorpresa el que se diga que muchos periodistas buscan las noticias que generen ingresos económicos, o al menos los títulos que llamen la atención o que provoquen sentimientos encontrados en las personas.
El denominado amarillismo mediático enseña que la sociedad ha ido cambiando; que a pesar de ser personas con mayor acceso a vías de comunicación, nuestra idiosincrasia es similar por dentro y por fuera.
El periodismo ha sido convertido por algunos como comidilla de zopilotes, vendiendo solamente aquello que la gente quiere leer, porque le acentúa sus juicios de valor contra un grupo “x” y le justifica sus racismos y fobias encontradas, además que le subraya más las razones por las cuales no profesa uno u otro credo religioso.
Es así como en nuestro país podemos ver algunos ejemplos generalizaciones grotescas como las de ver a los nicaragüenses como vagos o ladrones o ver a todos los colombianos como narcotraficantes, y a las dominicanas como prostitutas. Porque la misma prensa ha favorecido a crearnos estos señalamientos contra las personas porque acentúan la característica de la nacionalidad al hablar de sucesos policiales.
También en los últimos tiempos el desencanto religioso ha llevado a que muchas personas consideren a líderes de diferentes tendencias teológicas como estafadores, vividores, aprovechados de sus fieles, etc. Aunque en algunos casos ya sabemos que no ha sido del todo falsa la apreciación, pero la fábrica mediática ha fortalecido aún más el odio por los dogmas religiosos.
Ciertamente los medios de comunicación a veces no miden el poder del arma que poseen en sus manos ya que sus opiniones, comentarios o apreciaciones pueden generar que un conflicto pase de ser “un choque entre facciones” a una “MASACRE” en negrita y mayúscula, o que una fotografía pase de ser un montaje a convertirse en la cara de la desesperación humana en medio de un conflicto que por supuesto generará un premio Pulitzer o similar, pero que no necesariamente mostrará la realidad.
El arma mediática en la actualidad puede llevar a la destrucción de la imagen de un ser humano más que su comportamiento negativo, más que beneficiar puede llevar a que esta persona sea condenado sin mediar juicio y puede llevar a que un Estado o grupo se convierta de la noche en la mañana de víctima a victimario, al menos desde la perspectiva de la ventana de los medios de comunicación.
El periodismo y los medios de comunicación deben tener cuidado de ser extremadamente tendencioso ya que con su fábrica de realidades pueden pasar de construir un ser maravilloso para el beneficio de la humanidad, a un Frankenstein al cual todos después querrán destruir a veces hasta sin saber por qué.

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