Justicia vs Interés, Fuerza y Poder
Geovanny Blanco
Geovanny A. Blanco Fonseca
Estudiante RI
Muchas veces, como seres humanos que somos, solamente nos queda voltear hacia el mundo, conocer acerca de las atrocidades que tienen lugar en otras latitudes, y divulgar estos acontecimientos al momento que sentimos que es nuestro deber para con nuestra misma especie desenmascarar a los culpables de convertir a nuestro planeta en tierra de nadie. Sin duda alguna, un compromiso que nace de todo ser humano, claro está, si este no se encuentra inmerso en ciertos círculos de interés.
Y es que la humanidad, tal cual nómada en el pasar de los tiempos, ha visto cómo por la historia han pasado seres malvados, y cómo el mismo pasar de los tiempos nos irá mostrando los que están por venir, porque no existen en el mundo mecanismos reales para garantizar una verdadera paz mundial.
Así es, y así lo vemos y lo sentimos cuando nos damos por enterados que la misma ONU, así como otras instituciones que lucran con el objetivo de la paz mundial, se hacen de la vista gorda cuando en realidad llega el momento de intervenir en defensa de la humanidad misma. Es común para nosotros, como futuros internacionalistas, dar una mirada al mundo a través de la decepción, cuando en lugar de observar actitudes identificadas con la justicia, se puede sentir la mirada de indiferencia de estos entes ante las diversas injusticias que atormentan a muchos alrededor del orbe, y un desinterés total por aplicar resoluciones efectivas a estas acciones.
Porque si existe algo con toda seguridad evidente en el mundo, son sin duda las relaciones de poder entre las naciones y estas instituciones, donde el trato lejos de ser recíproco, está marcado por el protocolo de la conveniencia.
Y es que no resulta lo mismo, enviar observadores a países pequeños sin ejércitos con conflictos en ocasiones más pasajeros, pero no con menor importancia, que intervenir a favor de un estado que se ve en desventaja frente a una potencia mundial. Así mismo, no hay clara intención de la ONU, al enviar cascos azules a distintas regiones del planeta, a sabiendas que dicho órgano es completamente dirigido por el Consejo de Seguridad de la misma ONU, cuyos miembros permanentes, son muchas veces, los que bajo un estandarte muy fácilmente manchado, están en plena lucha y con intereses a fines.
Ya en estas instancias, se torna en efecto más difícil para un ente de envergadura internacional frenar los alcances de las naciones más poderosas del planeta, dado que son ellas mismas las que tienen control absoluto de estas instituciones y las utilizan como pretexto perfecto para cambiar la definición de poder y justicia según sea su conveniencia.
Muchas veces por ello, es posible ver cómo las instituciones internacionales no están dispuestas a poner las manos en el fuego por salvar a muchos países de regímenes dictatoriales, guerras civiles, violaciones a los derechos humanos en general, e incluso a la destrucción sistemática de grupos humanos. Muchas veces lo que se obtiene en cambio, es el abandono de parte de estos entes hacia las naciones que más les necesitan, como el viento arrastra las hojas de la providencia en espera de lo que sucederá después.
La tardanza de justicia es injusticia, y quien no castiga la injusticia ordena que se haga, no viven bajo el mismo apartado unas naciones con otras, el mundo fácilmente se ve segregado dependiendo de la cuota de poder que cada una de estas naciones ostente, y si los Goliat dominan el mundo y las instituciones que se supone, deberían defender a sus homólogas menores, ¿qué vendrá luego?, ¿qué defensa hay en contra del poder sino el poder mismo?, muchas veces carente por algunos.
Así se maneja el mundo en la selva de las naciones, una selva donde los intereses crean conflictos, las emociones se traducen en guerras y la justicia baila al compás de la fuerza.
miércoles, 17 de junio de 2009
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