miércoles, 24 de junio de 2009

La justicia llega a Ruanda dejando mucho que desear
Angie Araya
Estudiante RI
¿Será suficiente la condena de 30 años de prisión al ex viceministro de Ruanda por el genocidio de mas de 800 000 tutsis y hutus en el año de 1994?
26, 666 no es un número al azar; es simplemente el numero de asesinados en Ruanda por cada año que descontará Callixte Kalimanzira en prisión. Esto sin contar el daño causado a cada familiar de estas personas únicamente por defender la igualdad y exigir respeto.
Aunque las sentencias han conllevado un proceso “justo” para la parte infractora del delito, pienso que la impunidad se mantiene, ya que es inimaginable pensar que en una condena se descuenten casi 30 mil homicidios por año de prisión.
Las injusticias y la violación a los derecho que por naturaleza hemos adquirido ya no se atribuyen a aquellos lideres infractores que codician el poder; ahora debemos exigir que la impunidad no se refleje en las condenas insignificantes que al final brindaran protección a estos detentores de la paz encerrándolos en campos aislados donde se les proteja su integridad.
El tribunal penal internacional para Ruanda, determinó que “los refugiados tutsis soportaron los enfrentamientos con bastones y piedras; pero que no pudieron con las balas”; realizar una aseveración de esta magnitud rompe a mí criterio, con el esquema de un castigo justo; esto porque no se encuentra estipulado que una matanza de cierta cantidad de individuos poseedores de derecho implique estar en prisión determinada cantidad de años, por lo que la subjetividad de las decisiones en los tribunales internacionales deja un espacio abierto a que se realicen futuras violaciones en contra de la integridad del ser humano.
Ahora bien, no es tampoco viable que estos tribunales internacionales desaparezcan únicamente por la poca rigidez y subjetividad de las condenas. A pesar de que se establece un criterio poco entendible a la hora de tomar decisiones trascendentales e históricas, es necesario que existan este tipo de órganos jurídicos a nivel internacional, que regulen y marquen la diferencia entre la impunidad total y la posibilidad de sentenciar aquellos actos que lesionen los pactos y declaraciones establecidas por la comunidad internacional.
Al menos en este caso del ex viceministro de Ruanda, este tribunal permitió una sentencia que no es equitativa con la actuación del imputado; sin embargo y a diferencia de las absoluciones de otras seis personas que tuvieron relación con las atrocidades de Ruanda, esta será pagada con la satisfacción de no observar a un violador de los derechos humanos en las calles africanas.

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